miércoles, 1 de diciembre de 2010

UNA RUTA PRIVILEGIADA



Como sabéis no soy un corredor nocturno. Tampoco soy un corredor urbano. Me estresan demasiado los coches y me fastidia ir sorteando personas por las aceras. Se pierde ritmo y hay que ir con mil ojos.
Pero las circunstancias actuales son las que mandan, y la realidad es que es muy difícil iniciar una ruta coherente en estos días porque la noche se viene encima demasiado pronto y más si el cielo está cubierto de nubes, comiéndose la luz, como es el caso de los últimos días en Granada.
Así que en la noche del miércoles me he visto forzado a hacer una ruta nocturna y urbana, dos elementos perturbadores juntos. Por tanto, no teniendo más remedio que aceptar la tiranía del tiempo decidí hacer una ruta a lo grande. Y esa grandeza viene dada no por el ritmo, que ha sido suave, ni por los abundantes kilómetros, que han sido sólo doce, ni por las sensaciones, que han sido justas, sino por la belleza del recorrido y de los lugares transitados.
Partiendo de la nueva Avenida García Lorca, en la parte noroeste de la ciudad me he dirigido hacía la zona del Monasterio de Cartuja para enfilar la antigua carretera de Murcia -una subida no demasiado dura que ofrece unas vistas espléndidas de la ciudad- hacia el barrio del Albaicín, al que he accedido por la calle Pagés, con visita obligada al Mirador de San Nicolás, que a las 20,45 de esta tarde limpia y lluviosa se encontraba majestuoso y por breves momentos he podido de nuevo -siempre me ocurre- retroceder en el tiempo al contemplar los palacios nazaríes de la Alhambra. Tras tomar un poco de aire y saborear esa belleza que atesora milenariamente Granada, he bajado por la cuesta de Chapíz hacia el Paseo de Los Tristes, lugar en el que me he vuelto a reencontrar con los palacios que conforman la Alhambra si bien presidiendo majestuosamente el entorno del río Darro, afluente del Genil.
La noche era serena y lluviosa y tan sólo pequeños grupos de visitantes se encontraban por el entorno de la Carrera del Darro, circunstancia ésta que posibilitaba correr sin agobios por tan angostas calles.
La llegada a Plaza Nueva ofrece a los ojos una amplitud inusitada y el reflejo de la lluvia en las relucientes baldosas junto a la Real Chancillería provocaban una visión doblemente bella del entorno. Realmente acostumbrado a mirar a Granada con otros ojos -que son los del residente-, recorriendo este entorno en zapatillas y bajo la lluvia los primeros sorprendidos han sido los ojos mismos; otra forma de mirar y de ver.
Ya en la Gran Vía, perfectamente iluminada, la opción tan sólo consistía en poner el piloto automático y dejar que las piernas atravesaran esta gran arteria de la ciudad que conecta con otra gran arteria: la Avenida de la Constitución; y desde ahí hasta mi domicilio apenas dista un kilómetro y medio.
No diré que repetiré porque prefiero correr de día y en lugares resguardados por la naturaleza, pero sí he de correr de nuevo de noche y por la ciudad, esa será mi ruta, que es un privilegio que tenemos en esta sin par ciudad.

3 comentarios:

  1. cuando vuelvas a repetir ruta, al llegar a la Cartuja tira para arriba por magisterio para el campus llegando a empresariales, pasando por facrmacia.. es una buena subida.

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  2. Lo pensé, pero no me atreví...mucha cuesta!!

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  3. no es mucha cuesta, un poco dura al principio mas por el cambio de pendiente pero ya por telogía se hace bien

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Sin tu comentario, todo esto tiene mucho menos sentido. Es cómo escribir en el desierto.

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