sábado, 18 de diciembre de 2010

LA VIDA JUEGA CON NOSOTROS A LOS DADOS.


En ocasiones la vida es una cachonda mental. Juega con nosotros a los dados.Te da. Te quita. Se ríe de ti a carcajadas y si tu semblante es de asombro vuelve a reírse más fuerte si cabe, llamándole a ese hecho azar. Es como una perversa institutriz que te castiga pero que en ocasiones te recompensa sin que tenga nada que ver con que te portas mal o bien. Y lo peor, es que nada de esto es evitable.
Uno acostumbra a ver las cosas como más o menos se las han enseñando. Nuestros padres nos transmiten valores y nos suelen hacen distinguir desde pequeños el bien del mal, y nosotros cuando vamos creciendo solemos utilizar esos valores y crear divisiones. Por ejemplo, consideramos que el mal y el bien, lo bueno y lo malo, no deben de estar en el mismo lugar, algo parecido a lo que ocurre cuando fusionas aceite y agua: por mucho que remuevas ambos líquidos siempre acaban por separarse. Consideramos que eso debe ser lo normal, lo habitual. Pero no, en la vida ese experimento químico no existe. De hecho, tenemos que acostumbrarnos a considerar que lo bueno y lo malo, el bien y el mal, suele venir en un sólo paquete y puede ocurrir en un sólo día, es más, en unas cuantas horas.
Cuando pasan los años comprendes que en nuestro día a día nos puede ocurrir lo más insospechado, por mucho que pensemos que las cosas siempre les ocurre a los demás. No es cierto. Las cosas nos ocurren a todos, casi por igual. Algunas cosas son evitables si se vigila y se actúa con un plan preconociendo y con cierto orden y antelación, pero muchas cosas- probablemente las más importantes- ocurren porque sí, sin avisar.
Es en lo que pensaba ayer cuando en unas pocas horas extravié - o me hurtaron- mi cartera con una importante suma de dinero y -lo que es más importante- con todos los documentos de identidad y tarjetas diversas, rompí mi mejor cazadora, pero al mismo tiempo me concedían un mejor puesto de trabajo. Todo junto, en unas cuantas horas. Dos castigos y un regalo. Sin esperarlo, mientras que escuchaba a lo lejos las estruendosas y vulgares carcajadas del azar.

2 comentarios:

  1. Por un lado, lo siento amigo y por el otro, la parte buena, me alegro. Hace años me robaron el coche en mi barrio, a las pocas semanas apareció en Madrid, reventado. Son cosas que parece que a uno no le va a pasar nunca, pero pasa, lo mismo en todas ocurre en todas las facetas de la vida. Un abrazo

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  2. Amigo Paco, la vida es así de contradictoria. A veces nos da y otras nos quita, pero hay que conformarse.
    Por cierto, también me robaron el que fuera mi primer coche...

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Sin tu comentario, todo esto tiene mucho menos sentido. Es cómo escribir en el desierto.

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