lunes, 14 de junio de 2010

VOLVER A CORRER




Volver a correr es siempre una experiencia. A pesar de los kilómetros hechos a estas alturas, el par de maratones corridos o la docena de medias maratones, volver a correr siempre es una experiencia inolvidable.
Quizá sea lo único ventajoso de las lesiones que acaban por curarse: la vuelta a los caminos.
Y nada mejor para el reencuentro que encontrar la Vega lluviosa y limpida. Con esa escasa lluvia veraniega que no necesita de bajas temperaturas para seguir fluyendo. Con ese insustituible olor a tierra mojada. Con esos campos aún verdosos tras la abundante agua caída en primavera. Con todo ese remanso de paz y tranquilidad que transmite correr por los caminos entre frondosos árboles, asistiendo a un espectáculo que parece de otro tiempo a pesar de estar tan cerca de la ciudad encementada y bulliciosa.
Todo eso supone correr desde mi punto de vista. Por eso corro.



Una de las zonas elegidas para la recuperación

Han sido ocho kilómetros muy tranquilos, hechos en cuarenta y cuatro minutos. Pero para nada importaba ni el crono ni el cansancio. Sólo importaba que el gemelo izquierdo no se resintiera.
Y no se resintió pero sé escuchar al cuerpo tras bastantes años de sordera y sé que aún existe un mal latente, una especie de sombra que amenaza con surgir al menor descuido.
Esa amenaza me atemoriza más que la lesión en sí y significa que tendré que seguir con mucho cuidado la recuperación y espaciar las salidas y esperar con paciencia.
Pero son las divisas que mayormente poseo: el tiempo y la paciencia.

3 comentarios:

Sin tu comentario, todo esto tiene mucho menos sentido. Es cómo escribir en el desierto.

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Si nadie le cuenta al hipotético lector nada sobre el pueblo de Rothenburg no habrá forma de imaginarlo a pesar de haber llegado...