miércoles, 28 de abril de 2010

LAS VÍAS DE LA CORRUPCIÓN (IDEAL 28/04/2010)


Ya había escrito sobre la corrupción en un artículo anterior, pero me apetecía volver a hacerlo. Así que en la edición papel de Ideal de hoy publico un artículo sobre algunas de las posibles vías de que pueden nutrirse algunas de las formas corruptas que asolan nuestro país.
Si no habéis tenido oportunidad de leerlo -y mucho no podréis si tenéis vuestra residencia en otra provincia- os lo dejo aquí para vuestra consideración.
Me ha gustado el simbolismo que ha dibujado Ferrero en mi artículo: una manzana podrida con gusano. Así que emulo el mismo símbolo, en versión propia.


LAS VÍAS DE LA CORRUPCIÓN

Pongamos que un cargo público es invitado por un tipo desconocido a tomar un café. Ese tipo, muy amable, bien vestido y con mucho trabajo zalamero a sus espaldas, se presenta como representante de cual o tal empresa que se dedica a cual o tal cosa y le dice que le gustaría poder trabajar para ese ayuntamiento, para esa comunidad, para ese ministerio. Consecuentemente el cargo público debería indicarle el procedimiento legal a seguir acerca de las licitaciones abiertas pero no lo hace, por lo que ese tipo sabedor de esas debilidades le comenta distraídamente a ese representante público que conoce tal o cual restaurante que ponen un solomillo ibérico a la brasa que no hay manera de resistirse a su sabor. Ese cargo público justo en ese momento debería tomar una decisión porque aunque no lo sepa –pero si lo sospecha- aceptando esa invitación está aceptando o al menos no está rechazando un previsible futuro compuesto de cientos de corruptelas por venir que continuarán con regalos para él y sus seres queridos y culminará con dinero, mucho dinero para él y probablemente también para su partido.
Y cargo público no valorará como ilegal la aceptación de todas esas prebendas porque no existe o no conoce ninguna norma que le impida recibir regalos de un tercero y porque esos regalos -así se lo ha dicho ese tipo- son puras liberalidades, que "nada tienen que ver con que yo pueda trabajar con vosotros o no", resultando que a estas alturas -lo habrá advertido el atento lector- ya le habla de tú.
Pero curiosa, misteriosa o legalmente la empresa de ese tipo acaba adjudicándose una parte importante de los contratos públicos que licita ese ayuntamiento, esa comunidad, ese ministerio. Y nadie duda que -en principio- esos contratos estén adjudicados con criterios legales escrupulosos cumpliendo cada uno de los artículos de la farragosa Ley de Contratos del Sector Público, por lo que ahora es el momento adecuado de hacerse unas cuantas preguntas: ¿si la empresa de ese tipo estaba dispuesta a cumplir al pie de la letra la legalidad vigente, a qué vienen esos regalos? Respuesta probable: porque podría entenderse como probable que fallara el mecanismo legal. Otra pregunta: ¿sabía ese tipo que existen contratos que prácticamente pueden ser adjudicados a dedo si no superan determinada cantidad de gasto? Respuesta probable: sí, lo sabía perfectamente, por lo que el asunto de los regalos en esos casos tenían mucho más sentido.
Se produzca una opción u otra la acción consistente en la liberalidad de regalar siempre será un apoyo. Y está claro que este tipo de cosas siempre han sido y así serán si nuevas normas no lo remedian. Pero pocas normas podrán remediar que un cargo público acepte una invitación de otra persona, circunstancia ésta que sin otras adherencias podría no significar nada.
Lo que arriba se describe es una hipotética vía que puede conducir peligrosamente hacía la corrupción pero no es la única, por supuesto. Quizá ésta sea la más sutil, la menos aparentemente perniciosa en su origen, mientras que las otras vías conllevan otros mecanismos más sofisticados y cuentan con muchos elementos que, como si de un rompecabezas se tratará, acaban encajando porque están diseñados para que encajen.
Esas otras vías van desde la creación de empresas específicas aledañas a círculos del poder dotadas de unos mecanismos sofisticados que posibilitan corromper al cargo público sin apenas error, porque existe toda una ingeniería financiera, toda un miríada de mecanismos y vacíos legales que nuestro imperfecto sistema jurídico no detecta a tiempo o sencillamente no puede detectar, hasta mecanismos que no responden a un esquema fijo pero que tienen como fin último sacar provecho de la administración y comprar voluntades y decisiones, constituyéndose empresas ficticias que al margen de las relaciones con las administraciones públicas no tienen actividad empresarial conocida.
En la otra cara de esa moneda traidora están los políticos -pieza fundamental en el mapa de la corrupción- y todo ese mecanismo del que disponen los partidos para elegirlos. Aquéllos antes de ser políticos son ciudadanos corrientes, gente de la calle que a lo largo de su existencia ha ido formándose una idea de una sociedad culturalmente instalada en la corrupción, muy activa en pequeñas prebendas que van desde las básicas ilegalidades que todos los ciudadanos cometemos a diario hasta la permanente obsesión por engañar como finalidad vital única. Pequeñas corruptelas que comienzan en la más inocente infancia desde el mismo momento que el individuo le arrebata la comida a su hermano pequeño o miente con pequeños engaños a sus padres. Luego ese individuo en la escuela procura seguir engañando por lo que se las ingenia para copiarse en los exámenes y de ese modo asegurarse el éxito y evitar el esfuerzo y una vez acabada su formación abriga la posibilidad de obtener una plaza pública a través de la intervención de algún conocido poderoso. Probablemente, intentará comprar un piso pagando la mayor parte posible de la cantidad total en dinero negro para después revenderlo por el doble de lo que costó al margen del fisco y una vez elegido presidente de su comunidad de propietarios buscará acuerdos y realizará actuaciones que esconderán siempre un interés particular y no colectivo. De manera que cuando ese individuo sea elegido para concejal, para consejero, para ministro o para otro cargo ya habrá andado la mayor parte del camino hacia la corrupción. Y probablemente desde el mismo momento que acepta ese café de ese tipo desconocido bien vestido, desde ese mismo momento ya barrunta que se presenta una gran oportunidad.

2 comentarios:

Sin tu comentario, todo esto tiene mucho menos sentido. Es cómo escribir en el desierto.

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