jueves, 11 de marzo de 2010

CONCHI: LOS ORÍGENES


Bueno, energúmenos, ¿brindamos?

Aquellas palabras de Conchi en la celebración de Nochebuena se le quedaron a X grabadas en su mente y ahora se agitaban entre sus neuronas como un torbellino, claras y dolorosas al mismo tiempo. Comprendió en aquel momento que ya nada sería igual.

Tenía la cerveza fría en su mano izquierda mientras que con la derecha se automasajeaba el gemelo derecho algo dolorido tras su entrenamiento, pero en realidad esa acción la hacía mecánicamente porque tenía la mente en pensamientos más graves.

En ocasiones el ser humano se aferra al presente e intenta borrar el pasado de un plumazo. Pero el ser humano es más estúpido de lo que se podría pensar: no es posible borrar el pasado por el mero hecho de decidirlo.

Éste siempre se revela. Siempre emerge. Y se sobrepone. Surge de las cenizas como el Ave Fénix y todo lo que hagamos en falso para eliminarlo tan sólo servirá para dotarlo de más energía y más actualidad. Así somos, así funcionamos.

Los años disipados. Los años de simulación que habían emprendido él y Conchi tras un pacto tácito de nada habían servido. Para colmo él había cometido el más grave de los errores: comenzar a correr.

Correr. Esa palabra y esa acción que tanto había significado en el pasado de ambos. Que tanto había significado en el pasado de Conchi. Esa palabra maldita.

Pero si el hombre es estúpido por propia naturaleza el más estúpido de los hombres era X.

Trás ese pacto tácito en su matrimonio, cuya cláusula principal era la evitación del término correr, X podría haberse dedicado a cualquier afición. A jugar a los dardos. A jugar al padel. A pedalear. A...cualquier actividad. Incluso a seguir acodado en la barra con su amigo Luis. Cuanta razón tenía Conchi por intentar que Luis y él siguieran acodados a esa barra, mientras ella interpretaba el papel de maruja de forma admirable ¿Pero es que X era tan verdaderamente idiota como para no recordar lo que había provocado la actividad de correr en el pasado de Conchi? ¿Era tan sumamente estúpido como para no reparar en el sufrimiento que le provocó a su mujer en el pasado ese deporte? ¿Cómo es que no había reparado en todo eso ?

En esos momentos X hubiera preferido no haber nacido. No es lícito haber nacido y ser tan sumamente idiota.

Conchi sufrió con y en el correr. Y yo y Luis éramos unos perfectos energúmenos, como acertadamente dijo ella, pensó X.

Aquella chica menuda que pasaba corriendo todos los días junto a la puerta del bar Campus, justo al lado de la universidad, nos llamaba la atención a Luis y a mí. Acodados en aquel bar -siempre acodados a alguna barra-. Luis y yo destacábamos su figura fibrosa y nos maravillábamos entre risas que esa chica siempre pasara por allí corriendo. Lloviera, nevara, hiciera calor, siempre pasaba, mientras nosotros dos con nuestro mono de trabajo bebíamos hasta atragantarnos mientras nos mezclábamos con aquel ambiente universitario que tanto nos atraía y del que tan lejos estábamos. Ese era nuestro ritual diario.

Y en medio de aquel ritual siempre pasaba por allí corriendo esa chica, que meses más tarde supimos respondía al nombre de "Con" (era el nombre que utilizaban sus amigas cuando hablaban con ella).

"Con" era de un mundo muy distinto al nuestro y yo en mi fuero interno la percibía más lejos aún, al tiempo que deseaba conocerla cada vez con más interés. Hasta que aquél sentimiento se fue convirtiendo casi en obsesión.

1 comentario:

Sin tu comentario, todo esto tiene mucho menos sentido. Es cómo escribir en el desierto.

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