domingo, 14 de febrero de 2010

Y POR AHÍ NO PASO





Hay que hacer algo.
Yo concibo el correr para disfrutar, para inmiscuirme en la naturaleza, para compartir sus colores, sus olores, sus sonidos. Corro porque me sienta bien y me permite seguir bebiendo cerveza, que es otra de mis pasiones. Y bombones, y algún chuletón que otro, y las imprescindibles tortas de pan de aceite de Alfacar - o de Pinos Puente, que también las hornean bien-. Y los excelentes bocatas de jamón serrano que me marco acompañados por una -o dos- 1925. Corro porque no quiero llegar a la senectud hecho un verdadero carcamal, un tipejo con sobrepeso y cara acartonada y oxidada. Un tipo que da pena. Corro porque pocas cosas me gustan más que disponer de tantas cosas con tan poca inversión.
Pero eso es una cosa y otra lo que me está ocurriendo en más ocasiones de las aconsejadas.
Desde que tengo el Forerunner, es cierto que controlo más. Sé con precisión a qué ritmo voy y cuántos kilómetros llevo. Y, además, utilizo la cinta de ritmo cardiaco, que antes -aún teniéndola- no utilizaba.


Y ese control conlleva cosas malas y cosas buenas. Cosas malas: puede ser obsesivo el control de distancia, velocidad y ritmo cardiaco. Cosas buenas: precisamente ese control te ofrece un mejor conocimiento de qué tipo de corredor eres y cuales son tus progresos e involuciones.

Y ahí está el núcleo del problema. Ahí está el asunto que me traía hoy. Resulta que desde hace algunos días observo como, con mucha frecuencia -ya digo, más de la necesaria- la velocidad de crucero que señala el cacharro en muchos tramos, a pesar de indicar un buen ritmo cardiaco e ir sin sensación de cansancio-, con facilidad es de 4,20, 4,25 o 4,30 el mil. Vas tranquilo, recreándote en tus kilómetros, en tu respiración, fundiéndote con el entorno, y miras desprevenidamente el cacharro y observas que este marca 4,25 el mil. Piensas un poco y llegas a la conclusión que ese tramo, en absoluto, es de bajada sino llano, normal, y agitas un poco la muñeca un segundo antes de volver a mirar la pantalla, para observar que ahora está marcando el endiablado aparato: 4,23 el mil. Agobiado, confundido, aturdido, miras el ritmo cardiaco y lo encuentras en unas plácidas 157 pulsaciones, muy adecuadas para mis características y edad e incrédulo aún te vas al casillero de la distancia para comprobar que con 12 kilómetros a tus espaldas no es motivo que digamos para ir tan fresco. Vale. He de admitir que en competición es habitual marcar esos ritmos, pero ya se sabe: la emoción, la competición, el estímulo de otros corredores..Es distinto. Además, eso ocurre sólo el día que compites y sueles ir al límite, etc., etc..


Y claro, te inquietas, te preocupas. Y te preguntas: ¿Que estaré haciendo bien?
No sé. No estoy dispuesto a que esta sea la esencia de mis entrenamientos, hasta ahora tan placenteros y tranquilos. Estimulantes y oníricos.
Alarmante, ya digo.Algo tendré que hacer.

7 comentarios:

  1. La respuesta la tienes frente a tus narices y la conoces, otra cosa diferente es que la hagas.
    Siempre hay un momento para pulsar el OFF, bien sea de la tele, de una mala amistad,de un trabajo absurdo o sencillamente de un reloj "gordoncho".

    Saludos!!

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  2. ¡Qué miedo da leerte! Que se preparen en la próxima carrera, que vas que te sales.

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  3. que buenos los bollos de aceite paisano.
    Lo que dice abel.

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  4. Ay¡ ese reloj gordoncho. Lleváis razón: nada más sencillo que desconectarlo. Pero que no, amigos, que se disfruta. Es como una droga.
    Grego, daré lo que pueda, pero sufriré como nunca.

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  5. Bueno, haz la prueba de apagarlo o busca algún tipo de alternativas. Por ejemplo, puedes correr una semana con el "parato" enganchao y otra semana libre de él. Así, al menos, podrás contrastar al respecto.

    En todo caso, lo importante es correr, disfrutar y pasarlo bien.

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  6. Gran entrada amigo. El forer está ahí, yo haría una cosa a veces, llevarlo puesto y no mirarlo hasta terminar. Luego en casa ves el entreno echo.
    Un abrazo

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Sin tu comentario, todo esto tiene mucho menos sentido. Es cómo escribir en el desierto.

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