miércoles, 27 de enero de 2010

RETRATO DE UN HOMBRE INMADURO, de Luis Landero


Un hombre puede jubilarse inmaduro. O puede nacer ya maduro. Recuerdo que una vez un amigo me decía que había nacido viejo. Y, en cambio, hay gente que aunque mueran cargados de una buena dosis de senectud física, mueren jóvenes.
No sé exactamente el planteamiento inicial que el escritor Luis Landero se hizo, como argumento sólido para escribir su novela "Retrato de un hombre maduro". O igual no se hizo planteamiento alguno, porque aunque es cierto -y se sabe- que los novelistas mienten, lo hacen en ocasiones para no descubrirse demasiado ante ellos mismos, para no ponerse en demasiada evidencia.
Sea una cosa o sea la otra, lo cierto es que el escritor extremeño, que ya me deleitara con "Juegos de la edad tardía", ha conseguido recordarme lo que es la buena literatura, totalmente compatible con la hilaridad, la ironía y el drama, que todo eso es también literatura. Como la vida.
Me acerqué a la obra del maestro con el natural miedo del que ha leído convencido gran parte de su obra.
Con "El mágico aprendiz" descubrí que nada es posible ni imposible, y con "Caballeros de fortuna" aprendí a tener nostalgia sin necesidad de sentirla. Pero nada diré de lo que aprendí con "Juegos de la tardía". Si dijera que aprendí todo lo que encierra la literatura no exageraría. Como ya me ocurrió con "El camino de Swann" de Marcel Proust, "El Quijote", "Madame Bovary", o "Cien años de soledad".
Por eso al caer en mis manos la novela última de Landero concebí la esperanza de volver a leer literatura de la grande, porque pensaba ya que con tantos códigosdavincis o crepúsculos, ésta ya no existía.
Pues sí, aún existe. Que es mucho decir para los tiempos que atravesamos.

5 comentarios:

Sin tu comentario, todo esto tiene mucho menos sentido. Es cómo escribir en el desierto.

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